En esa interpretación cultural que persiste durante siglos en lo que consideramos propio de cada género, sin lugar a dudas el deporte ha ejercido un rol fundamental para amplificar prejuicios, sentidos comunes, formas de conducta y miradas hegemónicas sobre los cuerpos.

Cuando repasamos la historia del deporte moderno observamos que la posibilidad de participación y de acceso tiene bases muy sólidas en construcciones socioculturales que han dejado en las márgenes a mujeres y distintas identidades sexo-genéricas.                                                

Desde sus inicios, la educación física para niñas y mujeres fue pensada e implementadapara cuerpos destinados a la función reproductora y a la maternidad obligatoria. Las distintas autopercepciones de género ni siquiera son pensadas y se abona a la creencia de que un cuerpo femenino debe ser preservado y no expuesto a las actividades físicas que demanden esfuerzos extraordinarios.

Una investigación exhaustiva y formidable de la inglesa Sheila Scraton, profesora de educación física y docente de FeministStudies en la Leeds MetropolitanUniversity, es fundacional con respecto a la teorización del género y deporte y una base ineludible para tomar dimensión del papel fundamental que ha jugado la actividad física. La generación de sentidos ha marcado durante mucho tiempo las conductas sociales esperadas para los géneros y las bases del binarismo excluyente en todos los deportes.  

El trabajo de la profesora británica se inició en los años 80 y fue publicado a principios de los 90. Algunas frases de educadores y educadoras nos remiten a la fuerza de generar sentidos que el deporte tuvo y tiene.

Un breve repaso histórico nos ayuda a comprender los controles sociales sobre cuerpos y conductas. Desde la mitad del siglo XX en adelante, los años de posguerra trajeron la reevaluación de los beneficios de la vida familiar con el papel central de la madre como cuidadora de los hijos y ama de casa. Durante los años cincuenta y sesenta se insistió reiteradamente en el aprendizaje centrado en el niño que en el caso de las niñas significaba centrar la atención en sus atributos “naturales” y en su papel futuro como esposas y madres.

Allí donde se preparaban para el trabajo, un mundo específicamente femenino reflejaba una evidente división sexual del trabajo.

“La enseñanza gratuita universal para los adolescentes dio pie para educar a las jóvenes para su papel futuro como esposas y madres” (Wilson, 1980, pág., 33)

“El futuro de la educación de las mujeres no consiste en tratar de eliminar las diferencias entre ellas y los hombres, de reducirlas a neutras, sino en enseñar a las niñas a crecer como mujeres y a reaprender la elegancia que tantas han olvidado en los últimos treinta años” (Newson, 1948, pág. 109)

Desde el punto de vista teórico, durante los años setenta se produjo un cambio de interés, cuando la recesión económica recayó sobre la expansión educativa y la política de la mujer hizo notar su presencia. La Sex DiscriminationAct de 1975, ilegalizo la discriminación con respecto al sexo (aunque dicha ley no afectaba a determinadas instituciones, por ejemplo, a los clubes deportivos) y las mujeres comenzaron a cuestionar el sistema escolar respecto a la diferenciación según el género y el reforzamiento de las ideologías de género. 

Sobre este peso patriarcal histórico basado en enormes privilegios también era posible leer y escuchar conceptos como el siguiente:

«Una forma de afrontar estas disparidades entre las esperanzas suscitadas por hombres y mujeres y sus realizaciones consiste en considerar a las mujeres como hombres truncados. En cuanto tales, puede permitírseles participar en los mismos deportes que los hombres… pero en versiones recortadas… habida cuenta de que la excelencia en la actuación depende sobre todo del tipo de músculos, huesos, tamaño y fuerza que se tengan, podemos considerar a las mujeres como hombres a medias» (Weiss, 1969, págs. 215-216)

Tanta fuerza tienen estas ideas y prejuicios que las opiniones de las propias profesoras de educación física de la época que registra el trabajo de Sheila Scraton profundizan aún más estos esquemas discriminatorios de manera rotunda.

“Todavía está por verse una mujer futbolista elegante. Quizás mis prejuicios se deban a que parecen horribles. No me gusta ver mujeres jugando al fútbol. Si lo hacen, estoy convencida  de que habría que modificarlo. El campo es demasiado grande y el balón demasiado duro. No, decididamente, no me gustaría ver a las niñas jugando al fútbol. «

“¡Fútbol! Para mí, es algo personal. He ido a un partido de fútbol femenino y, a mi modo de ver como mujer, no hay nada peor que unos pechos y un culo enormes, y la masa y los espectadores… Yo no dejaría jugar a las niñas porque es muy, muy poco femenino. Yo lo asocio con un hombre. Tengo la firme convicción de que nunca dejaría que las niñas jugaran al fútbol.»

Vale y mucho reseñar las formas y procesos de estos pensamientos para entender la actualidad y poner en valor la educación física con perspectiva feminista, de derechos y de igualdad. En este plano es ineludible tender puentes con la educación sexual integral para señalar los privilegios históricos vinculados a la masculinidad hegemónica, desarmarlos y alentar practicas libres de violencia e igualitarias.

Corrió cantidad de agua bajo el puente y tomaron fuerza en nuestro país, con el regreso de la democracia, las luchas y reivindicaciones de las minorías sexuales. Mucho más acá en el tiempo un hito vital constituyó en Argentina la popularización de los feminismos que tiene como puntapié inicial la manifestación callejera contundente que significo el Ni una menos. 

Señalar ese 3 de junio de 2015 como bisagra es la comprensión cabal del ingreso a la agenda del movimiento de mujeres el acceso al deporte, el derecho a jugar vinculado a la educación sexual integral y las tareas de cuidado. También entra en el orden de prioridades el tiempo libre, el ocio y de qué manera lo habitamos y transitamos mujeres y disidencias. 

La Nuestra Futbol Feminista es una organización social, un colectivo integrado por jugadoras de fútbol, entrenadoras y educadoras populares que sostiene su práctica de fútbol con perspectiva feminista y de derechos desde el año 2007 en la Villa 31, Retiro, ciudad de Buenos Aires.

La conquista de la cancha de Güemes, uno de los espacios de fútbol más antiguos del barrio, fue la piedra fundacional. A partir de ese inicio con una lucha cuerpo a cuerpo por el terreno directamente con varones se constituyó una base donde problematizar lo que ocurre cuando se practica un deporte culturalmente inhabilitado para mujeres y diversidades.

Entendemos y llevamos adelante este proyecto completamente atravesado por la educación sexual integral, la educación popular y el feminismo villero.

El fútbol es un camino de libertad posible. Lo que ocurre en el terreno de juego se traslada a situaciones de la vida cotidiana. Sentir, pensar y actuar, las premisas de las que se parte cuando se hacen preguntas permanentes sobre la práctica nos lleva a la autogestión feminista y al nacimiento de un espacio con identidad villera.

Podemos revisar los mandatos culturales con profundidad. Ver claramente las tareas de cuidado siempre atribuida a las mujeres. La posibilidad concreta del surgimiento del deseo y del derecho al ocio y correr un poco la carga inmensa de la maternidad obligatoria.

Las jugadoras que eran niñas en nuestros inicios y ahora son adultas logran que los compañeros varones participen más activamente del cuidado de lxshijxs. Y el derecho al juego ejercido con plenitud permite profundizar y poner sobre la mesa los prejuicios, los obstáculos que atraviesan nuestros cuerpos, nuestros vínculos y nuestro lenguaje.

La deconstrucción total del deporte la afrontamos desde esos conocimientos que fuimos armando en la Villa 31 todas juntas, entrenadoras y jugadoras. Lo que distinguimos como una estrategia colectiva de empoderamiento es lo que nos permite establecer a la educación sexual integral como una pata fundamental para erradicar la violencia de género.

La toma de decisiones en el ámbito de las políticas públicas deportivas, los lugares para las entrenadoras, el acceso al deporte sin filtros basados en el binarismo, la posibilidad de que las infancias crezcan jugando a partir de lo que les guste hacer sin preconceptos que dividan los espacios por género, son los desafíos que tenemos por delante. Así como hace más de un siglo, el deporte moderno nació por impulso de aristócratas varones y a partir de ese hecho se crearon bases para distintas opresiones que atravesaron cuerpos y controlaron conductas, estamos en la era donde un movimiento de mujeres en las calles empuja para tener prácticas deportivas libres de violencia, placenteras y movidas por el deseo.


Bibliografía

Scraton, Sheila. “Educación Física de las niñas, un enfoque feminista”, Editorial Morata, Madrid, 2000. 

* Mónica Santino

Asociación Civil La Nuestra Futbol Feminista, villa 31.

Buenos Aires, 1965, profesora de educación física y ciencias biológicas, periodista deportiva, ex jugadora de futbol All Boys, Directora Técnica de futbol. Fundadora de La Nuestra Futbol Feminista. Personalidad destacada en el ámbito del deporte por Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Cuentista del libro Pelota de Papel, 1, 2 y 3. Autora, junto a Néstor Vicente, de “A desalambrar, historia del futbol femenino”.