En el día de los y las maestras, especialistas y legisladoras se reunieron de manera virtual para dar inicio a un nuevo ciclo de charlas organizado por la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud de la Legislatura porteña junto a la Asociación Civil Forum Infancias, el que será transmitido en vivo por YouTube. Este primer encuentro tuvo por objetivo reflexionar acerca de la vuelta a clases en la Ciudad de Buenos Aires y los desafíos pedagógicos que tenemos por delante , en el marco de la pandemia de COVID-19.

***

El viernes 18 de septiembre a las 11 horas se realizará la segunda charla del ciclo con el eje puesto en los y las adolescentes. El viernes siguiente, a la misma hora, el tercer y último encuentro abordará como temática principal a la Educación Sexual Integral, para reprensar, a casi a 15 años de las leyes de ESI, cómo continuamos, qué avances hemos tenido y qué nos falta en la Ciudad de Buenos Aires. Ambos podrán verse en vivo por el canal de YouTube de la Legislatura porteña.

En este debate sobre la vuelta a clases en la Ciudad de Buenos Aires, las expositoras coincidieron en que la pandemia visibilizó, a la vez que agudizó, desigualdades estructurales preexistentes, como la pobreza. Como consecuencia, la carencia o insuficiencia de dispositivos tecnológicos y conectividad a Internet por parte de una cantidad de estudiantes y docentes dificultaron la continuidad pedagógica a través de modalidades virtuales en la Ciudad de Buenos Aires, generando un acceso desigual al derecho a la educación que le corresponde a todos los niños, niñas y adolescentes y que debe ser garantizado por el Estado, a través de políticas públicas inclusivas. Queda claro que las condiciones para sostener la escolaridad a distancia no fueron ni son iguales para todos y todas en la Ciudad de Buenos Aires.

Cuando la situación epidemiológica permita volver a las aulas será importante darse el tiempo para hablar de lo que pasó, de lo que nos pasó durante este tiempo de aislamiento, compartir y elaborar colectivamente las experiencias vividas; de abrir espacios para el juego, como propone el especialista finlandés en política educativa Pasi Sahlberg; de trabajar en proyectos institucionales que generen el deseo de aprender, aspecto que reviste una gran complejidad en estos tiempos.

En todas las intervenciones estuvo presente el reconocimiento al trabajo de los y las docentes, que con gran esfuerzo sostienen la escolaridad a pesar de todas las dificultades, como así también la necesidad de reforzar las instancias de capacitación que permitan sumar las nuevas tecnologías para complementar la presencialidad cuando la pandemia permita una vuelta segura a las aulas. También el fortalecimiento de políticas públicas como el programa “Maestro + Maestro” que sostiene y acompaña la tarea docente, a la vez que fomenta y facilita el intercambio entre colegas. Además de la necesidad de potenciar desde ahora la enseñanza y el aprendizaje disminuyendo la brecha digital y repensando los objetivos educativos más allá de la sola transmisión de contenidos.

El retorno a las aulas requerirá poner en práctica otros recursos y otra lógica; ya no una homogeneizadora sino otra que posibilite y de lugar a tiempos y ritmos de aprendizaje diversos. La escuela deberá reinventarse, superarse a sí misma, aprovechando para ello todo lo aprendido durante este tiempo sobre la enseñanza virtual, el potencial de las plataformas y los recursos digitales para complementar la presencialidad.

Y si bien la vuelta a clases ha generado polémica en todas partes del mundo y hoy existan más preguntas que certezas, tanto legisladoras como especialistas coincidieron en que, si viene es deseada, esperada y necesaria, hoy no existen condiciones para que sea posible. Sólo podrá llevarse a cabo cuando las condiciones epidemiológicas permitan no poner en riesgo la salud de nadie de la comunidad educativa.

↓ ↓ Mirá la charla completa ↓ ↓


Lorena Pokoik: “La Ciudad tiene una deuda muy grande con la comunidad educativa”

Legisladora, presidenta de la Comisión de Promoción Social y vicepresidenta de la Comisión de Educación

La primera en tomar la palabra fue la legisladora Lorena Pokoik para quien la pandemia vino a dar mayor visibilidad a una crisis estructural y a profundizar las desigualdades que ya existían entre los niños, niñas y adolecentes de la Ciudad de Buenos Aires. Por eso es importante complejizar las causas en materia de análisis y políticas públicas.

La Ciudad tiene una deuda muy grande con toda la comunidad educativa porque vulnera el derecho social a la educación: no todos los estudiantes pudieron comenzar su ciclo lectivo; es decir, hubo muchos que no tuvieron acceso a una vacante. Entonces, a los nueve mil quinientos chicos y chicas que el Gobierno porteño declara que quedaron desvinculados en términos pedagógicos por falta de conectividad y/o dispositivos, debemos sumarle unos veintitrés mil casos (estamos esperando que el Ejecutivo responsa un pedido de informes respecto de la última inscripción on-line para poder confirmar el número exacto) que no han conseguido una vacante en la escuela pública de gestión estatal porteña.

En los últimos 11 años, que se condicen con la gestión que arranca con Mauricio Macri y continua con Horacio Rodríguez Larreta, el presupuesto educativo sufre una caída de once puntos. Es decir que venimos en un proceso de desfinanciamiento que es alarmante, que se traduce en menos becas alimentarias, menos infraestructura escolar, falta de construcción de nuevas escuelas, precarización laboral para los y las docentes. A modo de ejemplo, hace poco tiempo la Ciudad se deshizo de una gran cantidad de suplentes que hoy serían de gran utilidad para realizar un abordaje de revinculación pedagógica con aquellos estudiantes que no han comenzado el ciclo lectivo, entendiendo que a esta altura no alcanza con tener conectividad o un dispositivo.

En el mismo distrito donde hoy las autoridades se quejan de la quita de una parte de la coparticipación que había sido sobre-aumentada por decisión del ex presidente Macri , se reciben desde el Gobierno nacional muchos aportes que, aunque no se contabilizan como fondos de coparticipación, vienen a resolver un montón de problemas estructurales, entre ellos, escuelas que se han construido, los 6500 dispositivos ofrecidos por el Ministerio de Educación recinetemente, la inversión que se va a hacer para ampliar toda la red wi-fi y la conectividad, los kits escolares y los cuadernillos que se imprimen desde Nación y toda una estructura que se está montando en articulación con las organizaciones y movimientos sociales que tienen presencia en los barrios populares para que esas computadoras lleguen a quienes las necesitan y detrás de esa pantalla y plataforma virtual se genere un vínculo con un docente que esté del otro lado.

Según Pokoik, necesitamos espacios para poder pensar a mediano plazo qué modelo de ciudad queremos y cuál sería el modelo educativo correspondiente, como así también poder revisar las causas de las desigualdades estructurales para poder revertirlas.

La legisladora Lorena Pokoik durante su intervención


Viviana Malti: “La escuela tiene el desafío de redefinirse para superarse a sí misma”

Psicóloga y psicopedagoga, miembro de Forum Infancias

Para la licenciada Viviana Malti, la escuela tiene una función esencial porque no sólo enseña sino que cuida, ve, escucha y arma red para garantizar derechos. Por eso, urge poner el acento en el acceso, la permanencia y el egreso, así como en la inclusión de todos los estudiantes, incorporando a las familias ya  la comunidad, porque aún hay muchos niños y niñas en situación de vulneración educativa y social.

La escuela cerró y muchos estudiantes quedaron sin acceso a lo educativo o vinculados de un modo precario. Se evidenció falta de dispositivos y conectividad así como la dificultad en el uso de herramientas tecnológicas, ya sea en alumnos como en docentes y padres. Y si bien aparecieron cuadernillos impresos para atenuar estas carencias y los docentes crearon formas alternativas de estar, no compensaron totalmente el problema y la brecha tecnológica agudizó aún más la desigualdad. Así, la continuidad pedagógica se mostró frágil en un grupo importante de alumnos y alumnas que quedaron desvinculados de la escuela.

Pero el compromiso y la fuerza de los docentes nuevamente se vieron en la cancha; salieron a proteger y a cuidar a sus alumnos y alumnas, no se desvincularon de sus problemas y necesidades y ante la urgencia gestionaron remedios y colectas y se prepararon y entregaron bolsones. Estuvieron atentos a través de las cámaras para generar formas de protección y cuidado articulando a través de intervenciones intersectoriales cuando observaron algún riesgo.

Cuando volvamos necesitaremos tiempo para hablar, para compartir experiencias al interior de cada aula, entre los maestros con las familias y el resto de la comunidad, que nos permitan elaborar este momento postraumático. Esto requiere un tiempo específico y sostenido de acompañamiento, ya que en este tiempo pasaron muchas cosas en las casas, en las familias, de distinta índole, y la escuela es el lugar de elaboración y resguardo subjetivo.

Al volver cada nivel tendrá sus propios desafíos dados por la especificidad de su tarea; inicial, primaria y secundaria adecuarán su vuelta de acuerdo a las particularidades del alumnado, de la comunidad y edilicias. Tendremos que hacer un profundo trabajo sobre los fines y sentidos de la escuela en esta nueva etapa organizando grupos, espacios, tiempos y priorizando contenidos.

La escuela tiene el desafío de redefinirse para superarse a sí misma, porque una vez más se ha demostrado a sí misma y a la sociedad, lo valiosa que es. Tenemos que preguntarnos qué oportunidades abrió la pandemia, que sostendremos y que vamos a cambiar.

Habrá que trabajar en distintos programas y proyectos institucionales que brinden oportunidades y generen el deseo de aprender, aspecto que reviste una gran complejidad en los tiempos en que vivimos. La pandemia nos mostró que es necesario incorporar la tecnología para enseñar y aprender y así despertar el interés por el apredizaje, enlazado en lo tecnológico.

Si pensamos en la vuelta a clases posiblemente tendremos que considerar este año transitado como una unidad pedagógica con el siguiente que retome lo trabajado, lo no apropiado y necesario para los próximos aprendizajes. Pero antes de terminar, quiero centrarme en las adolescencias, una franja etaria que nos viene generando una gran preocupación; específicamente aquellos que se desvincularon y no podemos permitir que se caigan del sistema escolar. Tenemos el desafío de recuperar a los adolescentes que se han apartado de la escuela en este tiempo, ya sea por imposibilidad de acceder a la virtualidad o por desvincularse de las actividades y propuesta escolares. En el mientras tanto tendremos que pensar en cómo retomar los contenidos de este año que no han sido aprendidos o enseñados y que son nodales para poder abordar nuevos aprendizajes.

Lic. Viviana Malti durante el encuentro virtual


Carmen B. Fusca: “La vuelta a la escuela requerirá otros recursos, otra lógica”

Magister en Psicología educacional, Lic. en Ciencias de la Educación, integrante del Equipo Interdisciplinario en la Sociedad Argentina dePediatría y de la Comisión de Clínica y Educación de Forum Infancias

La vuelta a las aulas ha sido materia de controversias en todas partes del mundo. Ha provocado divisiones entre los políticos, los educadores y los padres. Claro que los niños y adolescentes necesitan volver a las escuelas, espacio fundamental en la constitución de la subjetividad, de lazos, interacción con pares y con maestros y de acceso al saber y a la cultura; pero tenemos la enorme responsabilidad de retornar seguros, tanto los alumnos como los docentes.

Y si bien serán los especialistas de la salud quienes nos dirán las medidas sanitarias necesarias para cuidarnos, seremos los educadores los que deberemos pensar modos de acompañamiento y sostén para que niños, niñas y adolescentes aprendan otros modos de estar en la escuela, cuidándose cada uno y cuidando al otro. Esto constituirá nuevos aprendizajes.

Desde el inicio de la cuarentena la escolaridad se viene sosteniendo, con errores y con aciertos. No estábamos preparados para esto, pero con mucho esfuerzo y poco tiempo, directivos y docentes dieron respuesta recurriendo a una modalidad no presencial que plantea requerimientos diferentes y también una formación diferente.

¿Cómo potenciar este tramo hasta que la vuelta a clases sea posible? Es imprescindible garantizar dispositivos y conectividad tanto para estudiantes como para docentes, así como la formación de maestros y profesores para que puedan diseñar experiencias de aprendizaje a distancia con sentido y motivadoras, aprovechando el potencial de las plataformas y recursos digitales tanto ahora como cuando regresemos a las aulas y sean necesarios para complementar la presencialidad.

En lugar de pensar el hoy como un tiempo que se pierde podríamos pensar qué están aprendiendo nuestros niños y adolescentes en este tiempo, cuántas experiencias de vida nuevas están enfrentando -cómo tolerar el aburrimiento, el encierro, el aislamiento, enfrentar situaciones de estrés, manejar incertidumbres, temores, etc.-. En cuanto a la enseñanza de contenidos, más que preocuparnos por cumplir los programas, deberíamos plantear proyectos significativos, priorizar los contenidos más importantes y posibles de abordar de forma virtual o a través de medios impresos o por what’s app.

Tendremos que trabajar con otra lógica en relación a la organización de la enseñanza y el aprendizaje en las escuelas, lo cual implicará cambios en las intervenciones didácticas, por eso es fundamental que el docente pueda profundizar en su formación, intercambiar con colegas y estar sostenido en su tarea. Hay experiencias muy significativas de sostén y acompañamiento a docentes que muestran su impacto en la tarea dentro del aula. En la Ciudad, por ejemplo, hay experiencias como el programa “Maestro + Maestro” que tiene más de 20 años y que, en esta situación de pandemia, sostiene la escolaridad a distancia por medios diversos y fundamentalmente espacios de interacción entre docentes, de capacitación para diseñar situaciones didácticas que lleguen por distintos medios a los niños (virtual, what’s app, impresos junto a los bolsones de comida). Estas experiencias se llevan adelante a pulmón y es lo que, desde las políticas educativas, se debería fortalecer y replicar.

Debemos comprender los efectos subjetivos que niños y adolescentes nos van mostrando: aburrimiento, depresión, irritabilidad, falta de concentración. No debemos encasillar estos efectos en clasificaciones psiquiátricas sino hacernos un tiempo y un espacio nuevo para pensar estos padecimientos y analizar modos de acompañar y sostener. Ante la complejidad del tiempo que transitamos, patologizar la vida cotidiana y los malestares es una forma de acallar las voces de nuestros niños, niñas y adolescentes.

Ahora bien ¿Cómo pensar la vuelta a clases? En primer lugar, tenemos que decir que no podremos reconstruir la escolaridad presencial haciendo como que nada pasó. Será importante escuchar, habrá tensiones entre el miedo y la escuela como lugar de encuentro, habrá que generar un contexto de confianza en el que aprender sea posible, volver a reconocerse, mirarse a los ojos, escucharse sin la intermediación de las pantallas. Retomar la tarea sin dejar de prestar atención a las marcas que toda esta experiencia vivida ha dejado en cada uno y cada una de nosotras.

Dar espacio al juego. Dice Pasi Sahlberg (especialista finlandés en política educativa) que él propone como etapa de transición “La Edad Dorada del Juego”, noventa días de juegos.

Cuando volvamos va a ser difícil sostener la enseñanza simultánea como lo hacíamos en cada aula, porque no van a estar todos, porque no todos aprendieron lo mismo, no todos contaron con las mismas condiciones. Habrá que pensar en flexibilizar cada grado, realizar agrupamientos transitorios; construir otro saber pedagógico. Tendremos que tener la disposición a probar y a asumir que podemos equivocarnos y pensar otras alternativas.

La vuelta a la escuela requerirá otros recursos, otra lógica que no sea la homogeneizadora, sino que posibilite y de lugar a tiempos y ritmos de aprendizaje diversos. Además, no deberíamos desaprovechar todo lo aprendido durante este tiempo sobre la enseñanza virtual, el potencial de las plataformas y recursos digitales para complementar la presencialidad. Además, será muy importante profundizar el acompañamiento a docentes y profesores.

Ojalá después de esta pandemia podamos en la escuela propagar y contagiar más lazos de ternura y el placer por aprender.

La Magister Carmen B. Fusca durante la charla


Mariana Wassner: “Lo pedagógico y lo afectivo van entrelazados siempre”

 Psicopedagoga, psicóloga social y miembro de la Comisión de Clínica y Educación de Forum Infancias

Al inicio del ASPO (nosotros preferimos hablar de aislamiento físico más que de aislamiento social) se produjo una ruptura en los modos de entender cómo se podía enseñar y cómo se podía aprender en esta escuela que nos sumergía en la incertidumbre.

Los adultos tuvimos que aggiornarnos a las nuevas tecnologías y creímos que los niños, por ser nativos digitales, se iban a manejar muy bien. Pero nos fuimos encontrando con inconvenientes que no surgían de la utilización de la tecnología en sí, sino por las profundas desigualdades que comenzaron a visibilizarse.

Comenzó a identificarse ‘enseñar’ con ‘mandar tarea’. Esto formó parte de un aprendizaje para todos y para todas las que trabajamos en la educación, aunque todos tenemos claro que enviar tarea no es sinónimo de enseñar, así como responder la tarea tampoco es sinónimo de aprender.

Las dificultades o la ausencia de conectividad a Internet o de acceso a dispositivos no fueron las únicas desigualdades. También faltaba agua potable en los barrios más humildes de la Ciudad y las raciones de comida que llegaban en las canastas alimentarias eran insuficientes.

Muchos docentes se encontraron con que tenían los mismos problemas que los chicos y no sólo aquellos que vivían en barrios vulnerados. La situación estaba mucho más generalizada. Así, se arma una trama muy compleja en la que no hablamos de desigualdad sino de desigualdades y el riesgo es que los sujetos sean expulsados del sistema educativo.

La creatividad de los maestros estuvo a la orden del día porque comenzaron a pensar un montón de estrategias. Se empezaron a abrir los escenarios pedagógicos para preguntar a los chicos cómo están, cómo estamos, en un intento de sostener el lazo afectivo, porque lo pedagógico y lo afectivo van entrelazados siempre. Los vínculos, los lazos afectivos y la propuesta pedagógica forman parte de la enseñanza.

Hoy tienen que plantearse las políticas públicas que funcionen como sedimento de lo que vendrá. El Estado es garante a través de la escuela del derecho de las chicas y los chicos a aprender. ¿Y cómo pensar lo que vendrá si lo único que se dice hoy es estadístico? La cantidad de niños que hoy no tienen conectividad es simplemente la punta del iceberg; acá lo que necesitamos es una política pública que tenemos que construir entre todos, cada uno desde su función, que nos ubiquen como ciudadanos responsables y que nos impliquen en una ética del cuidado.

Creemos que el regreso a las clases presenciales queda por ahora en el terreno de la incertidumbre porque por el momento no están dadas las condiciones. El regreso debe ser para todos, pero lo que hoy necesitamos que se garantice el derecho de niños, niñas y adolescentes a recibir una educación adecuada acorde a sus necesidades, que toda la comunidad educativa cuenten con dispositivos, que haya conectividad libre y gratuita y que se piense a la educación como una inversión y no como un gasto.

Esta pandemia nos atravesó a todos; y cuando digo esto en lo que estoy pensando es en la construcción de lo colectivo. La vuelta podría plantearse desde el trabajo colaborativo en los distintos niveles de la enseñanza. Un trabajo en red. Instancias, programas, articulaciones.

Que volver sea volver envolviéndonos y profundamente humano.

La Lic. Mariana Wassner durante su intervención


Laura Velasco: “La vuelta a clases no puede significar mayores desigualdades”

Legisladora y presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.

Lo que está en disputa en la Ciudad de Buenos Aires es el modelo educativo, que es también un modelo pedagógico. Esta situación de pandemia ha visibilizado las desigualdades que atraviesan a la comunidad educativa porteña, lo que constituye una enorme injusticia tratándose de un distrito tan rico en recursos.

Sabemos que estamos atravesando un momento muy difícil, pero que a la vez nos abre la oportunidad de repensar. Queremos una escuela que se reinvente. Y en este sentido, aparecieron muchos aportes en esta charla, como lo esencial de las tareas que realizan los y las docentes en los territorios, las estrategias, lo vincular como prioridad, cómo se redefine hoy el vínculo con las familias y el lugar de la escuela para redefinir y reelaborar lo subjetivo. La posibilidad de pensar y reconstruir lo colectivo; la necesidad de plantear modos distintos de estar en la escuela y cómo el aislamiento físico y no social nos permite pensar en lo pedagógico vinculado a lo afectivo.

A partir de un relevamiento realizado por la Universidad Popular del Movimiento Barrios de Pie (Somos) pudimos saber que el 70% de los niños de los barrios populares no tiene acceso a un dispositivo y que el 82% no tiene conectividad. Este estudio fue la base para muchos de los proyectos que presentamos, como así también, otros que acompañamos en relación con la continuidad de la escolaridad en tiempos de pandemia, que fueron presentados desde marzo hasta hoy por el bloque del Frente de Todxs en la Legislatura porteña. No sólo en relación a fortalecer la alimentación y la nutrición elemental de nuestros niños, niñas y adolescentes, sino para garantizar los dispositivos, los materiales impresos y todo lo que tiene que ver con darle continuidad a algunas temáticas como la ESI, como la formación docente, y como repensarla en clave de los recursos que hoy necesitamos.

Lo mencionado respecto a la ética del cuidado y de los derechos de niñas, niños y adolescentes como perspectiva es fundamental para pensar en este derecho social a la educación que debe ser garantizado. Y en este sentido, creo que hemos ido transitando un camino desde nuestros proyectos, las comisiones, los territorios, el vínculo con las organizaciones y con las y los especialistas, por lo que hoy nos vemos con la responsabilidad de sostener algunas certezas respecto a que la vuelta a clases no signifique una mayor desigualdad, una mayor estigmatización, una mayor vulnerabilidad para aquellos niños, niñas y adolescentes que han sido históricamente excluídos o condenados a una situación de desigualdad en el acceso a la educación.

Por eso nos parece fundamental lo que hoy propone el Ministerio de Educación nacional en relación con garantizar los dispositivos y creemos que también la Ciudad debe aportar recursos para poner todo esto en marcha. Las escuelas no son un lugar donde los estudiantes tengan que ir a conectarse a una computadora, sino un espacio donde se garantice la continuidad pedagógica y vincular con los y las docentes y los estudiantes entre sí. Mientras esto no pueda llevarse adelante sin riesgos sanitarios, el Estado debe garantizar los recursos para poder llevar adelante la escolaridad cada uno en su casa. Los promotores y promotoras en educación pueden trabajar en los barrios para fortalecer y acompañar el proceso de la reviculación.

Ahora lo que hay que poner son más recursos del Estado para darle continuidad a las clases; porque las clases están siendo pero con una enorme dificultad y de manera desigual. Y la vuelta a las aulas, que tanto se extraña, será cuando las condiciones epidemiológicas permitan no poner en riesgo ni a los y las estudiantes ni a los y las trabajadoras de la educación.

La desigualdad en el acceso a los recursos para enseñar y aprender no puede ser la que lo que exponga a niños y docentes a situaciones de contagio en un momento donde aún, en la Ciudad de Buenos Aires, estamos teniendo un número alto de nuevos casos diarios de coronavirus.

Me gustaría cerrar esta charla con la imagen de Lucía Gómez, una compañera de Avellaneda que lamentablemente ayer se la llevó el COVID-19. Una militante popular que, como tantas compañeras y compañeros que están poniendo el cuerpo con gran compromiso en los territorios para garantizar el plato de comida en los comedores comunitarios, ahí donde a veces falta todo. La foto es de cuando fue abanderada; ella había terminado escolaridad secundaria el año pasado con el Plan Fines. Y este es un homenaje que quiero hacerle no sólo a ella sino a los maestros y maestras, a las profesoras y profesores que tiene un compromiso enorme con la educación popular. Un homenaje necesario en un momento en el que, contra viento y marea, los y las trabajadoras de la educación siguen siendo esenciales

Laura Velasco mostrando la foto de la compañera Lucía Gómez